✓ El porcentaje de individuos bajo la línea de pobreza pasó de 38,1% en el segundo semestre de 2024 a 28,2% en la segunda mitad del año pasado, según los datos publicados por INDEC. De esta forma, se llegó a un mínimo desde el primer semestre de 2018 (+27,3%), a la vez que el dato se ubicó en línea con el promedio de la segunda parte de 2016 y 2017 (no hay números oficiales para enero-junio de 2016): 28%. Asimismo, quedó “solo” 2,5 p.p. por encima del piso de la segunda mitad de 2017.
✓ Sin embargo, los números que publica la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC no se condicen con otras fuentes de ingresos. Por caso, en el tercer trimestre de 2025, según el Índice de Salarios (IS) del mismo INDEC, los ingresos reales de los trabajadores privados formales estuvieron 1,4% por debajo de la media de 2023 y 12,1% por debajo de la segunda mitad de 2018. En cambio, según la EPH se ubicaron 17,5% por encima de 2023 y en línea con julio-diciembre de 2018 (+0,7%). El escenario es similar para los trabajadores públicos (+1% respecto de 2023 según la EPH y -16,3% según el IS). A priori, las declaraciones muestran otras dinámicas que los registros administrativos. Por otra parte, en el caso de trabajadores informales y cuentapropistas, si bien no existen registros comparables, la EPH muestra una recuperación de ingresos que es inclusive
mayor de la que registra para los trabajadores formales.
✓ A fines de 2023, la EPH actualizó su cuestionario individual, revisando la metodología de captación de ingresos no laborales y programas sociales. Previo a este cambio metodológico, el relevamiento incluía únicamente dos preguntas en este punto: i) monto de ingresos por jubilaciones y pensiones y ii) monto percibido por subsidios o ayudas sociales en dinero provenientes del gobierno, iglesias u otras fuentes. Desde 2024, la pregunta sobre jubilaciones se desagrega en nueve subpreguntas, distinguiendo, por ejemplo, entre jubilaciones contributivas, por moratoria y otras pensiones no contributivas (como la de madre de siete hijos). En paralelo, la pregunta sobre subsidios se amplía a tres ítems, incorporando explícitamente la percepción de AUH, AUE y Tarjeta Alimentar, otros programas sociales y ayudas provenientes de entidades no gubernamentales. Esto quiere decir que las series históricas no son comparables entre sí.
✓ Las declaraciones de EPH que no se condicen con los registros administrativos se verifica a lo largo de toda la pirámide de ingresos. Según sus números, los deciles 1 al 3 cerraron 2025 solo 0,7% por debajo de la media 2016-2016, a la vez que los deciles 4 al 7 se ubicaron 5,1% por debajo. Por su parte, los deciles 8 a 10 quedaron 2,5% por debajo. Para dimensionar, el PBI per cápita del año pasado fue 4,5% menor que la media 2016-2017, mostrando una caída 1,2 p.p. mayor de lo
que arrojan los ingresos totales de la EPH.
¿Qué pasó con la pobreza en 2025? La EPH se distancia de otros registros
de ingresos
El porcentaje de individuos bajo la línea de pobreza pasó de 38,1% en el segundo semestre de 2024 a 28,2% en la segunda mitad del año pasado, según los datos publicados por INDEC. De esta forma, se llegó a un mínimo desde el primer semestre de 2018 (+27,3%), a la vez que el dato se ubicó en línea con el promedio de la segunda parte de 2016 y 2017 (no hay números oficiales para enero-junio de 2016): 28%. Asimismo, quedó “solo” 2,5 p.p. por encima del piso de la segunda mitad de 2017, es decir, inmediatamente antes que se acelerara el tipo de cambio y la inflación en la segunda mitad de la gestión Cambiemos.

Ahora bien, comparando otras variables de ingresos, tenemos que los salarios reales privados registrados se ubicaron 20,5% por debajo de la media de 2017, según los números del propio INDEC. Además, la serie de RIPTE, que toma los “ingresos permanentes de los trabajadores estables”, se contrajo 21,2% comparando entre el segundo semestre de 2016 y todo 2017 vs. julio-diciembre de 2026.
Por su parte, tomando los números del Boletín de Remuneraciones de los Trabajadores Registrados que publica la Secretaría de Trabajo, se observa una pérdida de 9,3% en términos reales en el caso del ingreso promedio y, más importante aún, de 15% para el ingreso mediano. Esta medida de tendencia central, que surge de ordenar todos los valores de una serie de datos de mayor a menor y buscar al que está en el medio, no está sesgada por los extremos, que sí afectan al promedio, de modo que suele ser más representativa como proxy de pobreza. En la misma clave, podemos agregar que el salario mediano pasó de representar el 81% del salario promedio en 2016-2017 a 76% de este en la segunda mitad de 2025, reflejando un aumento en la dispersión entre remuneraciones (los extremos se alejaron del medio).
A su vez, se destaca que la jubilación mínima cayó 28% en el período -incluyendo bonos: haber total-, pasando de la zona de 620.000 pesos actuales para el promedio julio 2016-diciembre 2017 a 445.000 pesos en la segunda mitad del año pasado. En contraste, v) la Asignación Universal por Hijo aumentó 60%, transformándose así en la única variable de ingresos que mostró una mejora en el período.
Expuesto el escenario, la pregunta es inevitable, ¿cómo se explica que los ingresos que surgen de “registros administrativos” -la información que aportan las empresas para pagar jubilaciones y cargas por Seguridad Social, el Estado por sus pagos de jubilaciones y AUH, etc.- haya retrocedido cerca de 20% respecto de 2016-2017 y, a la vez, que la pobreza no haya aumentado?
En primer lugar, es importante notar que distintas bases que publica el mismo INDEC arrojan conclusiones opuestas: según los datos de la EPH, en el tercer trimestre de 2025 -todavía no están los microdatos para octubre-diciembre- los ingresos reales de los trabajadores privados registrados se ubicaron 17,5% por encima de los niveles de 2023 y levemente por encima de los valores de la segunda mitad de 2018 (+0,7%). Así, se habrían recuperado casi siete años de pérdida de poder adquisitivo en poco más de un año, ya que hasta el segundo trimestre de 2024 los ingresos siguieron cediendo.
En cambio, según el índice de salarios que publica -mensualmente- el mismo organismo, entre julio y septiembre del año pasado, el poder de compra de los empleados formales se ubicó 1,4% por debajo de la media de 2023 y 12,1% por debajo de la segunda parte de 2018. Así, en lugar de revertirse, el proceso de caída del poder adquisitivo se profundizó en los últimos meses.

Si tomamos los números de salarios públicos el escenario se parece: la EPH arroja un crecimiento de 1% respecto de la media de 2023 y una caída de 15% en relación con el segundo semestre de 2018, en tanto que el Índice de Salarios marca un deterioro de 16,3% y 25,6%, respectivamente.
Dentro del universo de trabajadores no registrados y cuentapropistas, si bien por definición no existen fuentes administrativas con las cuales contrastar la información, es posible realizar comparaciones internas a partir de la propia EPH. En este marco, la recuperación de ingresos observada en 2025 para los trabajadores informales habría incluso superado a la de los trabajadores formales según la misma encuesta: mientras que los asalariados privados formales registraron una mejora del 17,6% según la EPH, los no registrados exhibieron un aumento del 27,5% y los cuentapropistas del 25,9%. Estos incrementos implican un retorno a niveles de ingresos similares a los observados hacia mediados de 2018.

Por otra parte, en cuanto a los ingresos no salariales la lógica es similar, aunque aquí existe un componente adicional. Desde fines de 2023, la EPH actualizó su cuestionario individual, introduciendo un cambio que buscaba revisar la metodología de la captación de los ingresos no laborales y programas sociales. Previo a este cambio, el relevamiento incluía únicamente dos preguntas en este punto: i) monto de ingresos por jubilaciones y pensiones y ii) monto percibido por subsidios o ayudas sociales en dinero provenientes del gobierno, iglesias u otras fuentes. A partir de la modificación, la pregunta sobre jubilaciones se desagrega en nueve subpreguntas, distinguiendo, por ejemplo, entre jubilaciones contributivas, por moratoria y otras pensiones no contributivas (como la de madre de siete hijos). En paralelo, la pregunta sobre subsidios se amplía a tres ítems, incorporando explícitamente la percepción de AUH, AUE y Tarjeta Alimentar, otros programas sociales y ayudas provenientes de entidades no gubernamentales.
De esta forma, si tomamos la evolución de las jubilaciones de la EPH las mismas -al IIIT-2025- se encontraban un 4% por encima del promedio de 2023, mientras que la evolución de la jubilación mínima más los bonos que informa la ANSES tuvo, en el mismo lapso, un deterioro que rozó el 14%. En el caso de la AUH, si bien ambas se recuperan, la EPH más que duplica el rebote informado por ANSES (+25% y +12%, respectivamente). La mayor desagregación deja de tornar comparables a las series.
Por otro lado, es importante marcar que la participación del grupo etario de 0 a 14 años se mantuvo relativamente estable en los últimos ocho años. De esta forma, la idea de que el aumento real de la Asignación Universal por Hijo, única variable de ingresos que muestra una mejora estadística en distintas bases, puede explicar la baja de la pobreza tampoco tiene sustento al analizar los datos en profundidad.

Para terminar, vale destacar que las declaraciones de EPH que no coinciden con los registros administrativos no son patrimonio exclusivo de los deciles más bajos. Por el contrario, según los números de la EPH, los ingresos de los deciles 4 al 7 están “solo” 5,1% por debajo del promedio 2016-2017, en tanto que los de los deciles 8 a 10 son 2,5% inferiores que los de la primera mitad de la gestión Cambiemos. En el caso de los deciles 1 al 3, la diferencia es de -0,7%, en tanto que la total es de -3,3%.

Para dimensionar, el PBI per cápita cayó 4,5% entre la media de 2016-2017 y 2025, 1,2 p.p. más de lo que lo habrían hecho los ingresos per cápita familiares según la EPH. Nuevamente, la diferencia entre registros es significativa, arrojando un manto de incertidumbre sobre los datos de pobreza: parece no ser consistente que, en un contexto de ajuste de las principales variables de ingresos y por tanto fuentes de demanda interna -salarios reales, cantidad de empleos, gasto público del Estado Nacional- los indicadores sociales se recuperen tan rápidamente, sobre todo, de manera incongruente con el resto de la evolución de las variables de ingresos.
Los números provistos por la EPH no se condicen con los demás registros, ni con los comportamientos de la economía real. Hacia adelante, y más allá de lo que efectivamente haya sucedido el año pasado, es probable que la pobreza esté aumentando en la primera parte de 2026: salarios perdiendo contra una inflación que se acelera, liderada por tarifas de servicios públicos -con una incidencia significativa en la Canasta Básica Total- impedirían que estos indicadores se recuperen.
